Letters / Madrid / Sebastián González

carta_168

Madrid y octubre 30 de 1635.

(Tom. 111, fol. 100.)

El manifiesto del Sr. Infante se está imprimiendo. Otro se prepara muy a la larga de 80 pliegos, autor D. Alonso de la Carrera, el fiscal de la Inquisición de Murcia, donde sale mucho de lo que adujo el P. Castro; será en la materia lo mejor y más copioso que ha salido y de cosas más secretas y particulares.

De Alemania lo que se sabe es, que el rey de Hungría ha tomado a Frankfurt por asalto, y que el ejército francés y de los rebeldes se iba cada día deshaciendo.

De Flandes avisan por cartas de los mercaderes que el Sr. Infante había tomado las plazas que estaban sobre el Rin hacia Colonia. Si esto fuese cierto seria cosa de grande importancia para tener los enemigos cercados de la otra parte, sin poder entrar en la nuestra, sino es con riesgo de perder lo que tienen.

En una plaza de estas habían concurrido hasta 23 personas de cuenta de Holanda, y esto a fin los unos de fortificar y prevenir lo necesario para la plaza, y los otros a recoger sus haciendas y ponerlas en sitios más seguros y menos expuestos a contingencias de enemigos. No lo pudieron hacer con tanta brevedad que no tuviesen más los nuestros en despojarlos de ella, y avisaron al Sr. Infante del caso y toma de la ciudad, de la gente que en ella habían hallado y particular de estas personas, como de gente más considerable. Envío a mandar se los enviasen donde estaba; ellos fueron con más sentimiento y pena de lo que pedía la humanidad de S. A. Cuando los tuvo en su presencia, les habló con grande afabilidad por más de una hora, y después ordenó los metieran en una pieza más adentro donde había unas mesas galanamente compuestas y aparadores muy ricos con grande suma de plata y oro.

Hizo se les diese un espléndido convite, y acabado les dio por su mano a cada uno una joya de buen precio, y dijo que él no había sido enviado del rey, su hermano, a derramar la sangre de sus vasallos, sino a dar la suya por favorecerlos y mantenerlos en paz; que se fuesen en buena hora a sus tierras, y mandó los acompañasen dos compañías de caballos para que nadie les hiciese daño.

Entraron en Holanda diciendo maravillas de la humanidad, liberalidad y entrañas del Sr. Infante, que está estimado y querido de todos amigos y enemigos sobremanera.

Su Alteza ha mandado que todas las rentas confiscadas a los franceses, y los demás bienes y haciendas que por el edicto se han confiscado, exceptas algunas personas, se junten y repartan entre los vecinos de Tillemont para que se reparen sus daños a costa de quien los hizo.

Esta acción ha sido digna de tal príncipe, y tiene a todos admirados su prudencia y piedad.

De Italia ha venido correo tres días hace, y lo que trujo es que los franceses, saboyanos y parmesanos están hechos un cuerpo de ejército sobre Valencia del Po [Valenza]; plaza poco fuerte, sustentada solo del valor de nuestros soldados por no tener modo para ser fortificada. Viendo el enemigo que tiene hasta 1 5, 000 hombres, que va entrando el invierno, y que si las aguas cargaban seria fuerza levantar el cerco, envió un trompeta al marqués de los Balbases y al de Celada, diciéndoles rindiesen la plaza dentro de 24 horas y que, si no lo hacían, los pasarían a todos a cuchillo. Fue respondido de los nuestros, que ni en 24 años la rendirían, que viniesen a tomarla y se vería si cortaban más las es padas españolas e italianas, que las francesas. Se resolvió Mr. de Créquy a dar asalto general a las fortificaciones que tienen los nuestros fuera de la ciudad, y le dio por dos veces, donde dejó 1, 200 de los suyos muertos, y al retirarse salió el de Celada y le mató 600, y así queda ron aquel día 4, 800 muertos de los enemigos, y de los nuestros unos dicen 40 y otros solos 11 y algunos mal heridos.

De allí a tres días, sin haber llovido, (se cree fue la nieve que se derritió), hubo creciente en el Po, de suerte que barcas de amigos y enemigos por donde les venía el bastimento, se las llevó, dejándolos cortados a los unos y a los otros, y con treguas forzosas mientras se repara el daño.

Conocido el daño del príncipe de Saboya, dicen [que] el general de los franceses acudía con más gente y personalmente a repararle. Veremos en otra lo que ha sucedido.

Se ha dicho que el Papa enviaba 800, 000 florines a Francia, otros dicen ducados: gentil obra pía. Estos se entregaron a franceses en. Génova; salieron de ella en un navío y dos galeras del Papa por escolta; se engolfaron y tuvo el marqués de Santa Cruz aviso; los acometió en el mar de Francia, y teniendo el respeto debido a las galeras del Papa, cogió el dinero y dejó la gente sin hacerles otro daño. Esto se tiene por cierto, no obstante que se habla del caso con grande recato por tocar a la persona del Papa. Se ha dicho que el duque de Soisons, príncipe de la sangre de la corona de Francia, ha salido en campo obligado de los desafueros de Richelieu (Richelieu) y que tiene 18, 000 hombres, y que 12 o 14, 000 grisones que venían a Italia en favor de los franceses les mandaron torciesen el viaje y fuesen a oponerse al Duque con otro pedazo de ejército que había junto para este efecto.

También se ha dicho que habían muerto a Richelieu por orden del hermano del rey de Francia. Esto no es tan cierto.

Las galeras de Malta y Florencia dieron con las de Biserta y echaron una a fondo y tomaron cuatro, y una huyó; rescataron 500 forzados y cautivos, cogieron 600 moros y turcos. Se dio a los soldados que iban en las galeras de Florencia y Malta, licencia para saquear por media hora, lo que se hizo con grande gusto de todos, y valió el despojo 230, 000 escudos.

EI rey, nuestro señor, viene el domingo a ver un dialogo. Creo que saldrá bien. Madrid y octubre 30 de 1635. == P. Sebastián González. =Al P. Rafael Pereyra, en Sevilla.

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carta_169

1 November 1635