Letters / Madrid

carta_109

Madrid y mayo 3 de 1635.

(Tom. 111, fol. 48.)

Pax Christi, etc. De Alcalá escriben mil cuentos o verdades de la bruja: ficción por haber sucedido en tal sujeto como fue el hermano Zarate, verdad por los efectos ciertos que mostraban. Ello parece ser el haberse aficionado de él alguna mujer, y poniendo los medios que a ella le parecieron más eficaces, le persuadió cuatro o cinco noches con visiones, algunas veces tiernas, otras temerosas. La verdad se esté en su lugar, pero en este punto es cierto que no la dejan, pues es controvertido el parecer y el miedo muy somero, y el más alentado al anochecer andaba con sus temores a cuestas para buscar donde dormir: ya esto se ha acabado.

Lo que más singular ha sucedido es la forma con que en Madrid, Toledo y Alcalá se esparció que el P. Uson, P. Pimentel, Pardo y Hurtado, todos de comunidad, se habían salido de la Compañía; pero presto fueron descubiertos los autores del embuste, y fue fuerza el disimular por no verse cogidos en su deseo.

El postrer día de Pascua, amanecieron al fresco cinco libelos en cinco cantones de Madrid, cuales los pedía su rabia. Confuso de ver alguna gente que los estaba leyendo, se llegó un secretario de la Suprema y los quitó, y los hallaron firmados de fray Tomás Gracián, expulso de la Compañía en México y religioso ahora de San Francisco. A los frailes les ha picado mucho; primero le prendieron ellos; pero avocó a si la causa la Suprema donde le tienen preso. El rey teniendo noticia del caso, ha encomendado al Inquisidor, que cargue bien la mano y él ha confesado.

Espino está en San Juan de los Reyes de Toledo, y por comedimiento del hospedaje se ofrecía probar todo lo que contienen los papeles o libelos.

Del P. Poza no se dice nada, sino que ahora está entre tenido en expurgar los libros de los dominicos, y que va muy adelante y con fervor la obra. Dicen se imprimirá la primera y última parte, que es la respuesta de los cargos a la Compañía, del P. Salazar. Dicen los que lo han visto, como el P. Galindo, que es cosa de las más graves que ha sacado la Compañía. La segunda parte no se atreven a imprimir, porque es de las cosas más graves, más enormes y sacrílegas que se pueden sacar en público para escándalo de la Corte. Esta, dicen la presentarán al General y Provinciales de Santo Domingo; pero será tan erudita que no habrá hombre en la Corte que no la traslade, y será imposible negársela a muchos. Poza envía cada estafeta un papelón para poner su cornadillo.

En Milán están alojados casi 40, 000 nombres de Nápoles, Sicilia y naturales. En Italia no hay sino prevención de guerras, particularmente entre venecianos y beneficiados del Papa.

Los franceses han tomado a Chiavenna junto al Lago. Han venido por castellanos de dos grandes fortalezas en el Estado de Milán, D. Carlos Coloma, el del desafío del duque de Lerma. (De este dicen viene a la posta a Madrid enviado desde Flandes, del señor Infante, por no sé qué celos de cierta dama natural; otros dicen, y parece lo más cierto, para la guerra de Perpiñán.) El gobernador del otro castillo es el conde de Servellón.

Se tomó Tréveris; mataron los nuestros todos los franceses, haciendo el saco en ellos sin llegar a los naturales. Entraron a medianoche por una de tres puertas que tiene la ciudad; la abrió un capitán sobrino del arzobispo pasado, vengándose de este por la mala vida que daba a todos los de su casa y linaje.

El de Orleans, dicen de cierto se ha huido, aunque no es tan cierto adónde.

El de Fernandina va por virrey a Cataluña; el duque de Cardona pasa a Sicilia, y el de Alcalá a Nápoles; el de Monterrey viene por ayo del príncipe.

Al rey le ha concedido el Pontífice 600, 000 ducados en los obispados de Indias, Portugal y Sicilia. En Flandes está muy disgustado el de Aytona; no se sabe la causa. De la salida del rey no se dice más que lo que al principio.

El P. Cámasa se va cada diez días a dar una lección de re militari al rey, y le oye con notable gusto. Este le dice extremadas cosas, y lo cierto es, dice el Padre, que el rey tiene gana de salir, pero no mucha los licenciados consejeros de quien depende, por no desacomodarse de su casa y regalo. Madrid y mayo 3 de 1635. =Bernardino de Alcocer. =Al P. Rafael Pereyra, de la Compañía.

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carta_110

5 May 1635