Letters / Madrid / Sebastián González

carta_164

Madrid y octubre 16 de 1635.

(Tom. 111, fol. 86 v.)

Pax Christi, etc. De Italia vino correo; no trae cosa particular si no lo que tengo avisado, y demás de eso que el marqués de Celada metió 4, 000 hombres en Valencia del Po [Valenza] a vista del ejército francés, sin perder uno. Ítem, que viéndose con tan buena gente hizo una salida y dio con tal valor en los enemigos, que les degolló 800. Murió en esta refriega el general de la caballería francesa, y el proveedor general y más de 80 personas de cuenta, oficiales y capitanes. De los nuestros murieron tres de cuenta, el sobrino del cardenal Albornoz y otros dos capitanes y hasta 70 soldados ordinarios.

Don Carlos Coloma con algunas tropas tomó un puerto por donde le entraran los bastimentos a la ciudad, siempre que quieran, sin poderlo impedir los enemigos.

En una gaceta de Italia dicen que los navíos de Dunquerque habían tomado un puerto en Holanda con su ciudad, que se llama Gril, y que el señor Infante había tomado cuatro fuertes junto a Esquenque [Schenkenschans] y a Arnhem, y que Picolomini estaba batiendo a Nimeguen. De esto no hay correo de Flandes.

Aquí ha sucedido un caso raro y es, que un gentilhombre de muy buena suerte y persona, y estimado de los señores, por ser de los alentados de la Corte, había cuatro días que se sintió malo. Se estuvo así en pie los dos, se sintió acababa aprisa y envió a llamar un médico. Estando en pie viole el médico y le dijo no tenía calentura, más que moriría muy en breve porque la flaqueza del pulso era extraordinaria, que se confesase luego y recibiese los sacramentos. Hizo a uno de sus amigos con quien estaba, le trajese un confesor, y queriendo confesarse se le anudaba la garganta y no podía hablar palabra. Le hizo el confesor varias preguntas para absolverle y a ninguna respondía. Con eso se fue; entraron los amigos y le dijeron por qué se había ido el confesor sin confesarle. Respondió que no sabía; le dijeron si quería confesarse y respondió que sí, de muy buena gana, y le trajeron otro y vino, y saliéndose los amigos afuera, diciéndole el confesor dijese sus pecados, se le tornó a anudar la garganta y no pudo hablar palabra, dijo le apretase la mano y creo lo hizo. Con esto lo absolvió y espiró Ha dado bien que pensar este caso a muchos.

Madrid y octubre 16 de 1635. == Sebastián González. Al P. Rafael Pereyra, de la Compañía.

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