Letters / Madrid / Sebastián González

carta_148

septiembre 4 de 1635.

(Tom. 111, fol. 54 v.)

Pax Christi; etc. De Flandes hace más de cincuenta días que S. M. no ha tenido carta de su hermano. Se sabe que ha escrito por dos vías, y ninguna ha llegado, porque en Francia ahorcaron un correo, y otro se debe de haber hundido. De aquí se han despachado tres al Sr. Infante por varias partes para que avise y se asiente correspondencia por donde las cartas, aunque tarden, vengan con seguridad. Por Bayona se ha sabido, por tres o cuatro cartas que han tenido mercaderes, que se corresponden con Francia y Holanda, que los nuestros habían ganado el fuerte de Esquiens con una estratagema de una nave que, pasando cerca de él y viéndole poco apercibido saltó la gente y le cogieron de improviso, degollando los pocos que en él había. Está en la boca del Rin, y es el paso para Holanda, de suma importancia, si le pueden conservar, por estar cercado de otros de los enemigos. Muchas veces habían intentado el tomarle, y no habían podido; y créese, si esto es así, que tendrán traza para poderlo socorrer, pues no intentarán tomar lo que por no poderlo conservar será fuerza el dejarlo.

Dicen también que habiendo derrotado por tres veces el Sr. Infante a los franceses y holandeses, y [se] les murió gran cantidad de gente, sin la que ha perecido de hambre y peste, se han visto forzados los holandeses a sacar la gente de los presidios, dejando alguna, más tan poca que no era de importancia. Los de Bolduque, viendo el presidio desarmado, tomaron las armas, y dicen degollaron los que había en él de los holandeses, y que avisaron al señor Infante les enviase guarnición. Estas dos nuevas son tanto de buenas, que S. M. no las quiere creer sin que su hermano le avise; su dificultad tiene; más no por eso dejan de tener alguna probabilidad y apariencia. Dios haga que sea cierto, que será cosa milagrosa el ganar tan a poca costa lo que a los enemigos les ha costado tanto.

Su Santidad ha publicado un jubileo general por la paz y concordia entre los príncipes cristianos; se ha ganado en Roma estos días, y luego dicen vendrá por acá.

Su Santidad envía legados a Alemania, Francia y España a tratar de paces. A Alemania va el cardenal Paleoto; a Francia el cardenal Macario; a España viene Saqueti.

Estos días pidió audiencia el Nuncio a S. M. para tratar de acuerdos de paces; se la dieron, y estuvo razonando casi una hora. Respondió1e S. M. dos palabras, que fueron: «Los negocios han pasado más adelante de lo que yo pensaba. Decid a Su Santidad lo encomiende a Nuestro Señor.»

Dicen lo mismo ha respondido a su legado el emperador. Esto tiene su misterio, y es que cuando el emperador es tuvo en sus mayores aprietos, habiéndose pedido por parte de los embajadores de España y Alemania a Su Santidad interpusiera su autoridad con el rey de Francia para que no ayudase a los rebeldes de Holanda y herejes de Alemania, respondió Su Santidad lo encomendaría a Dios, y no hizo nada; ahora le han respondido en la misma conformidad.

Ha hablado asimismo el Nuncio a todos los del Consejo de Estado, y en particular al Confesor, el cual le respondió, viendo le ponía el punto en conciencia, y que debía en esto apretar a S. M que antes formaría él grande escrúpulo en no dejar correr las cosas, pues no era bien que un príncipe católico que declaradamente ayudaba a los herejes dejase de correr por los términos de sus confederados, y que, si la guerra era justa contra los herejes, también lo era contra Francia, que los favorecía.

El príncipe de Parma tiene por su cuenta las armas del rey de Francia en Italia, y le ha hecho su teniente de capitán general; ha juntado entre franceses y de su Estado hasta ocho o diez mil nombres; trató de ir a sitiar a Cremona en nombre del rey de Francia, y dicen que en el camino se le amotinaron los soldados porque los principales de los parmesanos le dijeron que por su señor le debían obedecer en lo que les mandase, como fuese justo; más que ellos no habían recibido jamás agravios de los españoles ni daño alguno, sino muy buena correspondencia, y que si la guerra era con vasallos del rey de España, ellos estaban con resolución de no pelear; y con tanto se volvieron, y el Duque desistió de su pretensión, la cual le fuera dificultoso de conseguir, porque dentro de Cremona había cuatro mil soldados de guarnición, por haberla prevenido muy a sazón contra el designio de los enemigos.

El rey de Hungría anda muy bizarro en Alemania acabando de reducir las plazas que faltan, para que desembarazado, pueda con más seguridad tomar su derrota. No sé si le han de estorbar el que personalmente vaya, porque los de la Frisia oriental que confinan por un lado con Holanda, que es país neutral y tenía para su defensa guarnición holandesa la más, ha despedido el presidio holandés y traído alemanes buen número, y dicen llaman al rey de Hungría para darse a la casa de Austria.

Galasso prosigue cada día de bien en mejor: ha deshecho totalmente al duque de Veymar [Bernardo de Sajonia-Weimar], que era el último que había quedado con un trozo del ejército de los herejes, y lo forzó con la poca que le había quedado de las rotas, a entrarse huyendo en Francia.

El de Leganés dicen partirá por gobernador de Milán a 20 de este, y por general de las armas en Italia; lleva por su camarada a D. Juan de Borja, hijo del duque de Villahermosa. Dicen que con la gente que llevará el de Leganés tendrá en el Estado de Milán sobre quince mil españoles, cosa que jamás se ha visto tanto número en aquella tierra, y que, de los demás países, como alemanes y lombardos y napolitanos, pasarán en todos de treinta y cinco mil. Dios le dé tan buena ventura como tuvo en Alemania.

De Roma avisan que el condestable de Nápoles fue a visitar al hermano de Richelieu, que es cardenal, e iba con embajada; que salieron disgustados sobre las cortesías, y que estos disgustos crecieron con otros accidentes semejantes; y que, habiendo entrado el Pontífice a componerlos, no había tenido efecto, a cuya causa unos y otros andaban acompañados de cantidad de gente de guerra, lo cual daba cuidado en la corte, temiendo algún fracaso.

En Nápoles ha habido estos días un motín de la plebe por ocasión de los tributos, que parece que el virrey hizo una nueva imposición, y el pueblo se amotinó, y tomando las armas se fue a la casa del Virrey. El virrey se metió en el castillo e hizo tirar algunas piezas, y no bastó a aquietarlos. Salió el cardenal Borja, no sin riesgo, y procuró sosegarlos; y tanto porfió, que lo alcanzó. El virrey pide venirse, porque no le parece ha de poder conseguir ya con el pueblo nada, porque les ha sacado mucha suma de dinero de tres años a esta parte, y ellos están muy cansados de tantas peticiones.

Los frailes carmelitas descalzos despidieron a un fraile por incorregible; él se fue a quejar al Nuncio, y mandó le tornasen a recibir. Ellos acudieron por vía de fuerza al Consejo, el cual declaró hacia fuerza el Nuncio, con que dieron por buena la sentencia, y el fraile se quedó sin su pretensión.

Guarde Dios a V. R. como yo deseo. Madrid y septiembre 4 de 1635. Sebastián González. =Al P. Rafael Pereyra, en Sevilla.

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carta_149

10 September 1635